Por: Norma
Márquez
Me acerqué a
don Gabriel algo dudosa, sabiendo que entre estrellas, corazones y caricaturas
de látex, hallar un globo en forma de platillo volador sería algo difícil. Y en
efecto, no tenía uno que siquiera se le pareciera, pero gracias a ello tuve la
oportunidad de entablar con él una agradable conversación que se prolongó más
allá de un posible “deme ese, por favor”.


