jueves, 26 de abril de 2018

El fonógrafo, un lujo musical


Por Norma Márquez

En 1890, la ruta férrea Veracruz-Puebla-Ciudad de México trajo a la capital el primer cargamento de cilindros fonográficos que transformaron la manera de escuchar música y acercaron la voz de quienes estaban lejos.
Cilindros fonográficos



Mediante cilindros vírgenes o previamente grabados, el fonógrafo y su peculiar bocina en forma de trompeta provocaron furor inmediato (1) pero inaccesible a la mayoría, ya que el costo aproximado por uno de ellos era de entre 150 y 400 pesos, en una época en la que un burócrata ganaba a lo sumo 27 pesos mensuales.

Todavía a principios del siglo XX hacerse de uno de estos preciados aparatos no estaba al alcance de todos, así que muchos de ellos fueron objeto de renta, rifas, compra por grupos de personas, pago a plazos y hasta fraude. (2)

El fonógrafo, la novedad


Hoy, la fama del fonógrafo se mantiene en la memoria de la evolución tecnológica y en la nostalgia de quienes lo conservan como una valiosa pieza de colección.

Fuentes:
(1) V.V.A.A, Curiosidades y anécdotas de la historia de México, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco, México, pag. 38 y 39
(2) Díaz Frene, J. (2016). A las palabras ya no se las lleva el viento: apuntes para una historia cultural del fonógrafo en México (1876-1924). Historia Mexicana, 66(1), 257-298. pág 247 y 276. doi:http://dx.doi.org/10.24201/hm.v66i1.3247

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