viernes, 18 de septiembre de 2015

Crónica de una comunicóloga a 30 años del terremoto del 19 de septiembre de 1985

Por: Luz Eréndira

Recuerdo que aquél fatídico 19 de septiembre de 1985 dejó huella no sólo en los que habitamos esta Bella Tenoch, sino a todo el país, porque de alguna forma u otra, la mañana de esa fecha se presentó el mayor movimiento telúrico en la historia de México...

incluso más fuerte que el de 1957- de 8.1 grados Richter, lo que nos recordó cuán vulnerable es la humanidad al lado de la “madre Naturaleza”.
AGRADECEMOS al equipo de reporteros gráficos de El Sol de México, por las fotografías publicadas en la edición del 20 de septiembre de 1985, y que "retomamos" para ilustrar el Blog de Tenoch, a 30 años del sismo





Pese a que en ese entonces apenas tenía 10 años, no dejo de sentir escalofrío al ver las imágenes de lo que “quedó” de la Ciudad de México, no deja de impactarme cómo en cuestión de segundos,  lo que era la “Ciudad de los palacios” se redujo a montañas y montañas de cascajo, no deja de acelerarse mi corazón al escuchar y volver a “vivir” lo que quedaría como un registro de la descripción tan bien lograda de la periodista Lourdes Guerrero, quien en ese momento se encontraba al aire en el antiguo noticiario matutino Hoy mismo, en sustitución de su titular el periodista Guillermo Ochoa.

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Esos años vivía en el fraccionamiento Parque Residencial Coacalco (Mpio. Coacalco, Edo. México) que se ubica en las “faldas” de un cerro, recuerdo que siempre había escuchado que en las colonias situadas en esos lugares, difícilmente se sentiría algún movimiento telúrico por fuerte que fuera, sin embargo, la mañana de ese jueves 19 de septiembre pude comprobar que no era cierto, ya que tengo la “fotografía mental” de lo que viví: como eran las 7.19 am, estaba preparándome para ir a la escuela, recuerdo que estaba sentada poniéndome los calcetines, cuando de pronto comencé a sentir un movimiento tan brusco que casi me caigo de la cama, además de que veía cómo “bailaban” de un lado a otro los cuadros colgados en la pared, y a lo lejos alcancé a escuchar “está temblando, hay que salirnos”, era mi hermano mayor que se encontraba en la cocina desayunando; como a los 5 minutos de haber pasado el “vaivén”, regresó mi abuelita –quien tenía por costumbre salir a caminar todas las mañanas- un poco “espantada”, recuerdo que nos dijo que se había “mareado”, a lo que mi bro le contestó que no se trataba de un simple mareo, ya que acababa de temblar, por lo que –alertada- enseguida prendió la televisión, y al ver que no había señal, recurrimos al radio, y escuchamos la descripción tan detallada y oportuna de Jacobo Zabludovsky, reconozco como comunicóloga que ese trabajo periodístico fue impecable, además de un referente para quienes estudiamos las carreras de Periodismo, Ciencias de la Comunicación y/o Información, ya que con esa narración tan atinada del otrora periodista pro-gobierno,
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 se cumplió tal cual lo reflejaría Woody Allen dos años después (1987) en su película Radio Days, en la que se retrata a la perfección lo importante que era el papel de la Radiodifusión en los años 40 y 50, ya que el aparato receptor era el “centro” de reunión de las familias, ya fuera para escuchar los concursos “en vivo” que se transmitían, o para no perderse “de oído” las radionovelas, y con ello se demostraba el poder de penetración en las familias de esas épocas; como también quedó de manifiesto en el experimento radiofónico de Orson Wells La guerra de los mundos (de 1938) en el que a través de una “simple” lectura –cargada de efectos sonoros y una musicalización ad hoc- puedes “sugestionar y paralizar” al público, haciéndoles creer que la tierra ha sido atacada por aliens.



Retomando el tema central de mi crónica, también me surge la "duda" de ¿por qué el “licenciado”  Zabludovsky (como solían llamarle quienes trabajaban con y/o para él) gozaba de tantas pleitesías? Y es que en esos años aún no había teléfonos celulares, y sólo algunos privilegiados contaban con automóviles que incluían teléfonos portátiles alámbricos, será por eso que durante muchos años ¿el “licenciado” fue considerado como el “vocero” oficial de Los Pinos?

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Recuerdo que la percepción que tenía del temblor era sinónimo de juego y diversión, ya que a las pocas horas de ocurrido, llegaron dos tías con sus respectivos hij@s, quienes son más jóvenes, y justo por ello sentía que no había sido tan “malo”, ya que me encantaba la idea de que podía jugar con mis prim@s entre semana, cosa que nunca pasaba. Enseguida de que mis familiares se “instalaron”, mi abuelita prendió la televisión y fue entonces cuando “medianamente” me dí cuenta de las terribles consecuencias que dejó esa “sacudida” de nuestro planeta, ya que pude presenciar cómo habían quedado muchos edificios: derrumbados, incendiados, caídos; asimismo, fui testigo –y me atrevo a generalizar que éste fue la emoción que imperaba entre los capitalinos y los que de alguna manera fuimos afectados de - lo MÁS TRISTE y desolador fue ver las imágenes de personas que corrían desesperadas con la esperanza de encontrar a sus familiares bajo los escombros, ver llorar a niños y niñas de mi edad o más pequeñ@s con una expresión en sus rostros de no entender qué había pasado.

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Afortunadamente, también está la otra “cara de la moneda”, ya que así como hubo muchos decesos, no podemos dejar de lado los conocidos “bebés milagro”, quienes nacieron en el hospital Juárez, que se derrumbó por completo. Eran 15 peques, que “vieron la luz” días antes del terremoto y que a los pocos días (el 22 de septiembre) fueron rescatados de entre los escombros, y que hoy, a 30 años, seguramente tienen mucho que contar de lo que ha sido su vida luego de sobrevivir a ese triste día.

Y es que hay cientos de historias, que digo cientos, millones de historias que seguramente son dignas de ser contadas y que todas tienen un denominador común: el triste y doloroso recuerdo de haber sido afectado por tal desastre natural.

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Hoy a la distancia, luego de 30 años de haber vivido aquel terrible movimiento, como comunicóloga mi reflexión va en el sentido de que lo importante es saber si estamos preparados como sociedad para saber qué medidas tomar y cómo “enfrentar” un temblor antes, durante y posterior al mismo, como se dice que se espera un movimiento igual o más fuerte que el de 1985, debemos aprender de esa experiencia tan trágica, pero a la vez tan enriquecedora, que sacó lo mejor de aquellos que brindaron su ayuda, sin esperar nada a cambio.

Otro punto a tomar en cuenta es el hecho de cómo ha cambiado la Ciudad de México no sólo en tamaño, sino en población, ya que hoy somos más habitantes, hay más medios de transporte –por lo tanto más vialidades- se ha incrementado el parque vehicular (o sea, el número de automóviles) y es importante considerar que de 5 o 10 años a la fecha se construyen más y más edificios en terrenos de 1,500 metros cuadrados, que antes se ocupaba para fábricas en donde cabían 100 o 200 personas, actualmente en esos mismos espacios se construyen edificios de demasiados pisos, y es que según el Plan de Desarrollo Urbano, la regla –que depende de la zona- indica que en un espacio de 50 a 100 mts2 quepan de 5 a 10 viviendas, con lo que podemos darnos cuenta que mientras antes cabían unas 15 casas, por lo tanto el mismo número de familias, en cambio, actualmente se pretende vivir 5 o 10 familias, pero hacia arriba, si es un edificio de 20 pisos, serían –en promedio- unas 200 familias viviendo “al aire”, es cuestión de echarle lápiz; o qué decir de los famosos rascacielos que (todavía en esos años estaba prohibido construir edificios de no más de cuatro pisos, salvo la Torre Latino) hoy pululan en las avenidas principales de la ciudad, así como en las colonias de alto poder adquisitivo y/o en lugares donde hay oficinas y centros de trabajo, como es el caso de la Av. Paseo de la Reforma, y es que la tendencia actual es “levantar” edificios que no sólo son utilizados para oficinas, sino que también se construyen centros comercial, despachos, y departamentos para habitación, aparte de las amenidades (como son gimnasio, alberca, spa, etc.)

De acuerdo con información obtenida del arquitecto Mario Lara, estas nuevas viviendas y oficinas no se construyen a capricho, debido que el programa anteriormente mencionado, hace un estudio minucioso de todas las propuestas que se presentan, así como de si determinada colonia o zona en la que se construirá, cuenta con los recursos suficientes para los nuevos inquilinos y de esa forma, no afectar a quienes ya viven ahí desde antes.
Espero que cuando vuelva a presentarse una situación de esa magnitud, (como el temblor que acaba de sentirse en Chile hace unas horas, mientras escribía esta crónica :/ ) los habitantes de esta Ciudad de México ya tengamos las “herramientas suficientes” para saber qué hacer y cómo actuar, y de esa forma, honrar la memoria de quienes desafortunadamente perdieron la vida aquél fatídico 19 de septiembre de 1985, así como de hacer crecer la Ciudad, pero para bien de quienes la habitamos y para que se vea más ordenada, por lo tanto, el paisaje sea agradable a la vista de tod@s, y es que está bien pretender darle un toque de modernidad, siempre y cuando sea respetando la estructura original, es decir, los edificios antiguos y emblemáticos. 

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