miércoles, 20 de julio de 2016

Calle 20 de Agosto, del claustro a la batalla

Por: Norma Márquez
Seguramente los vecinos de la colonia San Diego Churubusco tendrán más noción de los secretos que guardan sus rumbos, entre ellos los de la calle 20 de Agosto, que para una inexperta visitante como “su servilleta” sólo parecía una vía repleta de comercios y viviendas, asediada por la vecindad de la estación del Metro General Anaya… gran error. 

Y aunque no sobra ubicar la tienda de conveniencia o la sazón de doña Aurelia en su negocio de tlayudas, esta pequeña avenida es una muestra más de que los grandes enigmas de la Ciudad de México no sólo quedaron de manifiesto en el Centro Histórico.

Hoy, bulliciosa en las inmediaciones de Calzada de Tlalpan y silenciosa en sus entrañas, a la calle 20 de Agosto no le pesa ni tantito el tránsito o la modernidad para mantener lo mucho, pero mucho que guarda digno de narrar, entre su historia, magia y secretos.

¿Por qué 20 de Agosto?
Porque en esa fecha, pero de 1847, el actual Museo Nacional de las Intervenciones – antes Convento de Churubusco – fue el escenario donde las tropas mexicanas, apoyadas por el Batallón de San Patricio, combatieron contra la invasión estadounidense para detener su avance hacia la capital, durante la llamada Batalla de Churubusco. Pero vamos por partes.

Del bullicio a la calma, y de ahí al estruendo
Efectivamente, partiendo en contrasentido desde Calzada de Tlalpan, la calle 20 de agosto parece ser una más colmada de vida moderna, pero basta adentrarse para dejar el bullicio y olvidarlo por completo en el cruce con Rafael Oliva, donde definitivamente la perspectiva visual y sensorial cambia con la quietud de la Plaza Batallón de San Patricio junto con el Monumento a los Héroes de Churubusco como antesala del ex convento. 


Un sitio tan plácido que hace difícil imaginar aquellos días de 1847, cuando, en medio de la revuelta, el estruendo de los cañones que todavía se conservan seguramente hizo retumbar y ensordecer la zona durante la batalla. Sin embargo, conviene darse una idea echándole una mirada a los muros, que aún guardan las marcas de las detonaciones contra el estratégico fuerte.

Uno de los cañones. Atrás las detonaciones

Todo en uno: primero, un señorío
Regresemos al principio. En la época prehispánica, este lugar fue un centro ceremonial dedicado a Huitzilopochtli y una de las tantas fuentes de abastecimiento de agua para la antigua Tenochtitlan (recordemos que el Río Churubusco alguna vez fue un río de verdad). De hecho, Churubusco es una palabra de origen náhuatl, originada de Huitzilopochco. Castellanizada como la conocemos actualmente, nombra al río, al convento y, por supuesto, al eje que hoy forma parte del Circuito Interior. 

Luego, un convento
Los frailes dieguinos se establecieron ahí en el siglo XVI dedicando una incipiente construcción a Nuestra Señora de los Ángeles. Gracias a los donativos otorgados a la orden, el convento se erigió como lo que es hoy, un imponente monasterio que alcanzó su mayor esplendor un siglo después, y del que destaca un próspero huerto para la práctica de la herbolaria y el baño de los placeres, utilizado para la sanación de los frailes a manera de temascal.

Vista desde la entrada del ex convento
Sólo cruzar el arco de entrada se percibe la sensación de claustro, aunque en 1806 una gran inundación provocó la renivelación del inmueble un metro arriba, que aún es posible notar gracias a una ventana supliendo una parte del suelo. Después de la tempestad, regresó la calma al convento, aunque su destino viró en agosto de 1847…

Más tarde, cuartel general
Ante la inminente invasión estadounidense, los frailes dieguinos se vieron forzados a desalojar el convento, cuyos grandes muros bordeando una zona estratégica para detener el avance estadounidense, lo convirtieron en el sitio óptimo para instalar ahí el cuartel de las tropas mexicanas.

El resto ya lo conocemos, pero no está de más destacar que aunque la de Churubusco fue una batalla victoriosa para el ejército estadounidense, también representó una heroica defensa por parte de las tropas mexicanas hasta la última metralla. Una derrota con la frente en alto que inmortalizó la frase del general Pedro María Anaya frente al militar estadounidense David Twiggs, quien, luego de la derrota mexicana, exigió a Anaya las armas y municiones sobrantes. Éste respondió: “Si hubiera parque, no estaría usted aquí” refiriéndose a los cartuchos que exigía Twiggs. Por cierto, general Anaya… ¿te suena a estación del Metro? Por algo será.

Y finalmente, un museo
No hay duda de que la fortaleza del ex convento quedó de manifiesto en el actual Museo Nacional de las Intervenciones, que además de mostrar la vida conventual del siglo XVII, expone una serie de históricas batallas e invasiones extranjeras vinculadas con nuestro país, más allá de la Batalla de Churubusco...
 
Una de las salas del museo
Admito que esta calle pudo haber pasado desapercibida para mí, por eso cabe insistir que, si bien la vida moderna nos provee de facilidades para transitar por la ciudad entre la prisa de la rutina diaria, también vale tomarse un respiro para observarla con curiosidad sin dar por hecho nuestros pasos. Más allá de la comodidad que da la urbanización, la calle 20 de Agosto tiene suficiente memoria que compartir, en medio de la historia, magia y secretos de la Ciudad de México.



FUENTE: Heraldo, Códigos Postales de México; Wikipedia, enciclopedia libre; La Jornada, artículo de Ana Mónica Rodríguez “Viaje en el tiempo para conocer la vida monacal en el ex Convento de Churubusco; Sitio web Secretaría de Cultura. 

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