lunes, 10 de noviembre de 2014

Calle Regina, versátil y acicalada

Por: Norma Márquez

Paseando por la plácida y coqueta calle de Regina, pocos podrían imaginar que por ahí del siglo XVIII, cuando esas latitudes ya se consideraban alejadas del centro y por tanto menos pobladas, lo insalubre y descuidado de uno de sus tramos le dio suficiente fama para ganarse el mote de El Piojo.
Tal desprestigio, junto con otros tramos como Cruz Verde, Pachito, Manito, Corazón de Jesús y aún ya como Regina continuó hasta hace algunos años, pues ni el alumbrado público ni la pavimentación moderna del siglo XX lograron borrar la reputación de esta calle, considerada oscura e insegura. 
Tramo peatonal de Regina 
Hoy, para fortuna del turista nacional y extranjero, el primer tramo de Regina puede recorrerse plácidamente a pie tras más de un año de obras de restauración, salvándolo de embotellamientos y acercándola a los paseantes.
Peatonal de Bolívar a 20 de Noviembre y vial de ahí a Jesús María, Regina contrasta en construcciones y comercios pues algunos, que tras generaciones corrían el riesgo de desaparecer por la mala fama que adoptó la calle, luego de la remodelación persisten y ahora hasta conviven con la vanguardia de una llamativa fachada de Garnier. Aquí algo de su antiquísima historia y leyenda.

Plaza Regina
Calle y plaza reciben su nombre de quien cobijan: el imponente templo de Regina Coeli, fundado en 1553 como uno de los primeros espacios construidos en la ciudad para la predicación de la fe y uno de los más ricos de la Nueva España. 

Con las Leyes de Reforma, las monjas concepcionistas fueron exclaustradas y el convento, templo y claustro fueron seccionados. Sin embargo, las monjas fueron reubicadas durante el imperio de Maximiliano.
Tras dos periodos de remodelación es posible admirarlo junto con algunos de los frescos originales que aún se conservan en su interior y disfrutar los conciertos de cámara y ópera que se ofrecen todos los miércoles. Cabe decir que en septiembre de este 2014 se hizo un inventario del acervo documental y musical del templo, con el fin de rescatarlo del inevitable paso del tiempo.

La filantropía de Béistegui
El deseo de María Concepción Máxima Béistegui y García era ceder sus bienes para fundar un hospital que se cristalizó en el que fuera el claustro del templo de Regina Coeli. Fue en 1886 cuando se inauguró el Hospital Concepción Béistegui, que luego se convirtió en asilo de ancianos, lugar que prevalece y que también da espacio para eventos sociales. Por cierto, una calle de la colonia Del Valle lleva su nombre, pero esa es otra historia.
Hospital Concepción Béistegui
Un jardín vertical ¿por qué no? 

Vale aquí una mención a la Universidad del Claustro de Sor Juana, campus Regina por el valor histórico que guarda entre sus muros. Con cerca de cuatro mil metros cuadrados y comunicado con el ex Claustro de Sor Juana a través del Callejón de San Jerónimo, este campus da lugar al Restaurante Escuela Zéfiro, en lo que fuera la celda de la marquesa de Selva Nevada.
Por si fuera poco, y a falta de áreas verdes en la ciudad, un jardín vertical siempre se agradece. Tal es el caso de la fachada de este edificio, cuyo original diseño corrió a cargo de la marca de productos de belleza Garnier.

La Familia Burrón en la obra de Diego Rivera 


El legado del muralista Diego Rivera y del caricaturista Gabriel Vargas se juntan en este espacio que evoca la obra pictórica Sueño de una tarde dominical...en el Callejón del Cuajo con los personajes de la entrañable Familia Burrón, a manera de homenaje para ambos íconos de la cultura popular mexicana.
El predio fue rescatado para albergar un área de juegos infantiles que los vecinos y paseantes aprovechan como un anexo del, ya de por sí, plácido andador de Regina.


Casa Vecina, por la expresión ciudadana
En la esquina con el 1er. Callejón de Mesones se encuentra el Centro Cultural Casa Vecina, un recinto que da luz verde al arte contemporáneo y donde también se ofrecen talleres y exposiciones.

In memoriam
Antes, el número 66 de Regina fue estación de bomberos, luego Cruz Verde y más tarde una morgue. Hoy es el Museo Casa de la Memoria Indómita, desde donde se recuerda a desaparecidos políticos y se da reconocimiento a luchadores sociales.

Plaza Regina
De convento a baño público
En lo que hoy es el número 97 se encontraba la Casa de los Camilos, que en el siglo XVIII albergó a los frailes del convento de San Camilo. La labor de esta orden se caracterizó por acompañar a los moribundos para un buen morir. Un servicio solidario pero algo tétrico, sólo de imaginar la escena: un grupo de frailes saliendo del convento ataviados con túnicas negras en las que resaltaba una cruz roja, tomar una ruta montados en mulas que avanzaban en sigilosa procesión…difícilmente pasaban desapercibidos.
Luego de fraccionar el convento tras las Leyes de Reforma, en parte del convento se construyó la Casa de Calderas, uno de los primeros baños públicos de la ciudad, que contaba con un par de estanques, uno para la gente y otro para los caballos. La otra parte funcionó como cancha de juego de pelota vasca. Hoy no queda vestigio del convento, de la Casa de Calderas ni del juego de pelota, sólo el predio.   

La primera escuela Secundaria del país
Juntando los predios del número 97 con el 111 de Regina, es posible darse una idea del tamaño del ex Convento de San Camilo, cuya posterior división dejó suficiente para que, en el que fuera el seminario, se construyera la primera secundaria federal del país, una construcción con más de 200 años de antigüedad que conserva la campana original del monasterio y donde estudiaron figuras como Jacobo Zabludowsky y Lorenzo Meyer.

Otro fragmento de Regina

Restaurante bar Chon
En Regina 160 y desde 1924, este restaurante fue el primero en su tipo en ofrecer a sus comensales gastronomía prehispánica. Además del mole, es famoso por los entrañables ingredientes que se sirven en sus platillos, como los acociles, chapulines y escamoles. 

La leyenda de la cruz verde
Al cruce con Correo Mayor, antigua calle Las Cruces, aún es posible encontrar empotrada de una esquina a otra una enorme cruz, originalmente verde, que dio nombre a esta calle. Durante muchos años se conservó ese color y en la actualidad fue presa del grafiti pero al menos prevalece la leyenda, que en resumen narra la historia de un par de jóvenes cuya relación amorosa parecía imposible debido a la diferencia social entre ambos. 
La guapa Regina

Comunicarse tampoco fue fácil, pero el joven se las ingenió para hacer llegar una carta a su amada en la que le pedía que, si su amor era correspondido, pintara una cruz verde en el balcón a manera de respuesta. Sin embargo, paradójicamente, la cruz verde era el distintivo del paño que cubría el cuerpo de los condenados por el Tribunal de la Inquisición, que los obligaba a hacer un recorrido público en el que se pregonaba su crimen y el castigo correspondiente.
Otra ironía es que la cruz verde se popularizó entre los cristianos, quienes la marcaban en sus fincas haciéndolas visibles como muestra de fidelidad y reverencia hacia su dogma.
Y no está de más comentar que arqueólogos del INAH descubrieron en ese mismo cruce una ofrenda prehispánica de más de 500 años, así como un pozo y un muro de la época colonial, una muestra más de que la calle de Regina también tiene su historia, su magia y sus secretos.


FUENTES: Páginas web de Conaculta, La Jornada, La Crónica, Secretaría de Turismo del DF, fototeca INAH, Programa El Foco (Proyecto 40)

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